Lo que fue presentado con bombos y platillos como un proyecto habitacional modelo, destinado a garantizar dignidad, seguridad y calidad de vida para miles de familias dominicanas, hoy se ha convertido en un símbolo del abandono estatal. Ciudad Juan Bosch, en Santo Domingo Este, ha pasado de ser una promesa de modernización urbana a una comunidad atrapada en la frustración, la desilusión y el deterioro progresivo de sus condiciones de vida.
Aguas contaminadas que emanan lodo, mal olor y residuos insalubres, son la constante en los hogares.
Lo que debió ser un servicio básico garantizado con altos estándares, hoy representa un riesgo para la salud.
Las denuncias de residentes como Ignacia Gutiérrez y Patria Moreta evidencian que el agua que se recibe no solo es inutilizable, sino peligrosa.
El silencio de las autoridades, especialmente de la CAASD, ante esta crisis, es tan grave como el problema mismo.
Pero la problemática no termina en los grifos. El transporte público ineficiente, los constantes apagones, la señal telefónica intermitente y el sistema de drenaje colapsado, han transformado la vida cotidiana en un verdadero viacrucis.
Estas fallas estructurales atentan directamente contra el bienestar de más de 30 mil personas que, movidas por el sueño de una mejor vida, apostaron su futuro a este proyecto estatal.
Más alarmante aún es el deterioro en materia de seguridad. Lo que en sus inicios fue un espacio altamente monitoreado, con presencia policial, vigilancia tecnológica y patrullajes constantes, se ha desvanecido sin explicación.

Hoy, los residentes conviven con la incertidumbre y el temor, mientras la promesa de vivir en una «ciudad segura» se desvanece como agua sucia en las tuberías.
Ciudad Juan Bosch no está pidiendo lujos, está exigiendo lo mínimo: agua limpia, transporte funcional, energía estable, servicios sanitarios eficientes y seguridad ciudadana. La ausencia de respuestas gubernamentales no solo es negligente, es una falta de respeto hacia miles de ciudadanos que confiaron en una política pública que ya no les responde.
El abandono de este proyecto habitacional es una advertencia para futuras iniciativas: sin un plan sostenible, con mantenimiento continuo y rendición de cuentas, toda buena intención termina convertida en fracaso. El Gobierno debe actuar de forma urgente y decidida si no quiere que Ciudad Juan Bosch pase de ser una ciudad modelo… a una ciudad fantasma.

Los residentes de esta comunidad merecen mucho más que promesas rotas. Merecen acción, soluciones concretas y, sobre todo, el respeto que implica vivir con dignidad.



