Eco Editorial

¿Podrá el PRM quedarse en el poder en el 2028?

Las encuestas más recientes confirman lo que ya se percibe en el ambiente político dominicano: el Partido Revolucionario Moderno (PRM) mantiene una sólida ventaja en simpatía y aprobación ciudadana.

Según Markestrategia, el oficialismo conserva alrededor del 44.8% del apoyo popular, una cifra que, aunque menor a los niveles de euforia del 2020, sigue marcando una distancia importante frente a sus competidores.

Más allá de las cifras, la opinión pública refleja un estado de ánimo moderadamente optimista. Distintos sondeos, como los citados por 7días.com.do, indican que una porción relevante de la población considera que el país “va por buen camino”, una percepción que se traduce en legitimidad política para el gobierno de Luis Abinader y su equipo.

Un partido con cohesión y liderazgo múltiple

A diferencia de lo que ocurrió con otros partidos en el pasado, el PRM parece haber aprendido del desgaste del poder. La organización muestra signos de articulación interna, con varios líderes emergentes que generan confianza tanto dentro como fuera del partido.

Nombres como David Collado, Carolina Mejía y Wellington Arnaud aparecen con fuerza en las mediciones, reflejando que el PRM no depende de una figura única para sobrevivir políticamente. Ese pluralismo, si se maneja con madurez, podría convertirse en un activo de continuidad democrática y estabilidad interna.

La mayoría legislativa y el control institucional del PRM también le han otorgado al gobierno margen de maniobra para aprobar políticas públicas, manejar presupuestos y ejecutar proyectos de infraestructura con fluidez. Este control político, sin embargo, conlleva una responsabilidad: evitar la tentación del exceso de poder y preservar la confianza ciudadana a través de la transparencia y el diálogo.

La economía: el gran sostén de la narrativa oficialista

Uno de los pilares más sólidos del gobierno ha sido su imagen de estabilidad macroeconómica. A pesar de los retos globales, entre los cuales está presente la inflación, presiones externas, alza del petróleo, el país ha mantenido un ritmo de crecimiento estable, impulsado por el turismo, la inversión extranjera y las obras públicas.

El manejo de la crisis migratoria haitiana, junto con las políticas de vivienda, educación y respuesta ante emergencias, ha reforzado la percepción de un liderazgo ejecutivo con capacidad de gestión. No obstante, la sostenibilidad de ese modelo dependerá de si logra traducirse en mejoras visibles para la clase media y los sectores más vulnerables.

Sombras en el horizonte: los riesgos del poder

No todo es certeza en el camino hacia 2028. El PRM enfrenta desafíos estructurales que podrían erosionar su capital político.

El primero es la sucesión presidencial. Elegir al candidato adecuado será una prueba decisiva: un proceso interno poco transparente o cargado de tensiones podría fracturar la unidad partidaria. La historia política dominicana demuestra que los conflictos por el liderazgo suelen tener consecuencias profundas.

Otro riesgo es el desgaste por expectativas incumplidas. El electorado actual es menos tolerante al discurso y más exigente con los resultados. Si las promesas de eficiencia, transparencia y servicios públicos no se concretan, el apoyo al PRM podría volverse volátil.

Además, la oposición, aunque fragmentada, sigue teniendo espacio para crecer. Tanto la Fuerza del Pueblo como el PLD buscan reposicionarse, y una eventual alianza o candidatura creíble podría convertirse en un desafío serio para el oficialismo.

A ello se suman los factores externos: crisis internacionales, inflación o desastres naturales que podrían alterar el humor social y afectar incluso a gobiernos bien valorados.

Tres escenarios posibles

Los analistas coinciden en tres rutas probables:

Escenario optimista: el PRM mantiene la cohesión, el crecimiento y una candidatura fuerte (Collado o Mejía), consolidando una tercera victoria consecutiva.

Escenario intermedio: el partido llega dividido o desgastado, enfrentando una elección muy cerrada.

Escenario pesimista: crisis económica o fractura interna llevan a un voto de castigo y a un retorno de la oposición.

Hoy, el escenario más probable sigue siendo el primero, pero el margen se estrecha conforme avanza el ciclo político.

Conclusión: continuidad o renovación

A cuatro años de las elecciones, el PRM tiene la ventaja estructural, la maquinaria y la legitimidad para buscar un nuevo mandato. Sin embargo, su permanencia en el poder no será automática.

El desafío central del partido será renovar su narrativa sin perder su identidad, demostrar que el cambio no fue solo un eslogan y que el crecimiento económico se traduce en bienestar tangible.

¿Podrá el PRM sostener su hegemonía política?

El país parece valorar la estabilidad, pero también demanda resultados y ética pública.

Si el PRM logra equilibrar continuidad con renovación, podría extender su ciclo político. Si no, 2028 podría marcar el fin de una etapa y el inicio de otra en el tablero político dominicano.

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