¿Qué está fallando en la protección infantil frente a los episiodios de violencia creciente?
Santo Domingo.- Entre 2024 y 2025 varios episodios de violencia, tiroteos, muertes por disparos en espacios públicos y casos de violencia intrafamiliar, dejaron a niños y adolescentes entre las víctimas, desatando la alarma pública y reclamos de mayor protección institucional.
A continuación, una cronología de los hechos, las respuestas oficiales y el impacto social: 5 de abril de 2024: Tiroteo en centro escolar de Perevia: detenido y cárcel preventiva
El 5 de abril de 2024 un hombre fue acusado de haber efectuado disparos dentro de un centro escolar en la provincia Peravia
El Ministerio Público informó que la Procuraduría local obtuvo prisión preventiva contra el presunto autor mientras se profundizan las investigaciones. El caso reabrió el debate sobre control de armas y seguridad en instituciones educativas.

31 de diciembre de 2024: Adolescente de 17 años muere en tiroteo por conflicto social en Santo Domingo Este
Al cierre de 2024 las autoridades reportaron la muerte de un joven de 17 años durante un enfrentamiento armado por un conflicto social en el sector Bello Campo de Santo Domingo Este.
La Policía y el Ministerio Público anunciaron investigaciones para identificar a los responsables y esclarecer las circunstancias del hecho.
El episodio expuso nuevamente la vulnerabilidad de adolescentes que quedan en la línea de fuego de disputas entre grupos.
2024: Feminicidios infantiles y muertes de niñas que conmocionan al país
Durante 2024 distintos casos de violencia contra niñas y adolescentes llamaron la atención nacional y la prensa especializada sobre el incremento de feminicidios infantiles y la necesidad de reforzar mecanismos de protección.

Un análisis periodístico señaló que, en 2024, un número significativo de feminicidios afectó a niñas y adolescentes, evidenciando debilidades en la prevención y en la respuesta institucional.
Primer semestre de 2025: Aumento de casos de menores asesinados por padres y tutores; alarma social
En la primera mitad de 2025 los medios y autoridades registraron varios episodios en los que menores perdieron la vida presuntamente a manos de progenitores o tutores.
La tendencia motivó llamados de organizaciones civiles y expertos a reforzar controles sociales, protocolos de protección y acompañamiento psicosocial para familias en riesgo.
Los reportes destacaron que estos crímenes intrafamiliares concentran una alta carga de gravedad y repercusión social.
2024–2025: Vídeos, redes sociales y la viralización que presiona investigaciones

En múltiples casos recientes, grabaciones y publicaciones en redes sociales han servido tanto para evidenciar hechos como para viralizar versiones, en ocasiones sensibles, que presionan investigaciones públicas.
Las imágenes y videos han acelerado la reacción institucional pero también han planteado dilemas éticos sobre la exposición de menores y el derecho a la intimidad de las víctimas.
Tras estos episodios, el Ministerio Público, la Policía Nacional y organismos de protección han anunciado investigaciones, acciones judiciales y campañas de concienciación en distintos niveles.
Organizaciones defensoras de derechos de la niñez han reclamado mayor presupuesto para prevención, sistemas de denuncia accesibles y protocolos de intervención temprana.
El debate público enfatiza la necesidad de combinar medidas penales con políticas sociales que identifiquen familias en riesgo y protejan a niños y adolescentes.
Contexto y causas

Periodistas y especialistas consultados en las coberturas señalan factores recurrentes: acceso irregular a armas, disputas entre grupos delictivos en zonas urbanas, fragilidad de redes de protección familiar y deficiencias en mecanismos de alerta temprana en escuelas y comunidades.
Las redes sociales, por su parte, aceleran la visibilidad de los hechos pero también pueden vulnerar la privacidad de las víctimas más jóvenes.
Los hechos de 2024–2025 muestran que la violencia contra niños y adolescentes no es un conjunto de incidentes aislados, sino un problema multifactorial que exige respuestas integrales: inversión en protección social, protocolos escolares de seguridad y programas de intervención comunitaria.

La vida de los menores exige, según organismos y sociedad civil, medidas preventivas sostenidas y justicia pronta cuando la ley ha sido quebrantada.
El desafío de un INAIPI efectivo más allá del populismo
La atención a la primera infancia, es, sin lugar a dudas, uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de cualquier sociedad.
En la República Dominicana, el Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia (INAIPI) fue creado con la misión de garantizar que los niños y niñas desde la gestación hasta los cinco años reciban cuidado, educación y protección integral. Sin embargo, la realidad muestra que este mandato aún no se traduce en un impacto profundo y sostenido.
En los últimos años, es frecuente observar inauguraciones de nuevos Centros de Atención Integral a la Primera Infancia (CAIPI) acompañadas de anuncios grandilocuentes y acuerdos protocolarios. Pero, al revisar más allá del acto simbólico, muchas de estas edificaciones carecen del personal capacitado, de recursos adecuados y de programas consolidados que garanticen la calidad de la atención.
El resultado: promesas que no se cumplen y un esfuerzo institucional que se diluye entre la burocracia y el espectáculo político.
Es momento de que las autoridades actuales reconozcan que la verdadera inversión en la primera infancia no se mide en ceremonias ni en titulares de prensa, sino en la formación constante de educadores y cuidadores, en la nutrición, la estimulación temprana, la seguridad y el acompañamiento a las familias.
Dejar de firmar acuerdos que no se traducen en acciones concretas y sostenibles debe ser prioridad. Cada CAIPI inaugurado sin condiciones reales para operar representa, más que un logro, una oportunidad perdida de atender adecuadamente a los más vulnerables.
INAIPI tiene el potencial de transformar vidas si logra consolidar un modelo que funcione en el día a día, sin depender de campañas políticas ni de gestos populistas.
El llamado es claro: priorizar la eficiencia y la responsabilidad sobre la imagen, garantizar que cada centro cuente con el personal y los recursos necesarios, y establecer indicadores de seguimiento que aseguren resultados reales. Solo así se podrá cumplir con la promesa de un país que protege y fomenta el desarrollo integral de sus niños y niñas desde el inicio de sus vidas.
En definitiva, la primera infancia no puede esperar a que la política decida cuándo es conveniente invertir. El INAIPI debe convertirse en un ejemplo de gestión seria, comprometida y efectiva, porque cada niño y cada niña que recibe atención integral es un paso firme hacia un futuro más justo y humano.



