Eco Articulista

Lo que no se ve, también es un gobierno

Karl Marx escribió que la historia suele repetirse dos veces: primero como tragedia y luego como farsa. Más allá de las interpretaciones ideológicas que pueda generar esa frase, el tiempo parece darle la razón en muchos escenarios políticos, donde viejas fórmulas regresan con nuevos discursos, aunque produzcan los mismos resultados.

En República Dominicana asistimos con frecuencia a ese fenómeno. Gobiernos y actores políticos prometen cambios profundos, pero terminan recurriendo a prácticas conocidas que ya demostraron sus limitados resultados.

Lo preocupante no es solo la repetición de los errores, sino la insistencia en presentarlos como si fueran soluciones innovadoras.

La consecuencia ha sido un progresivo desgaste de la confianza ciudadana. Cuando el discurso oficial se distancia de la realidad cotidiana, la credibilidad institucional comienza a erosionarse.

No basta con construir relatos optimistas si los hechos terminan desmintiéndolos. En política, tarde o temprano, los datos terminan imponiéndose sobre las narrativas.

Pero quizás lo más inquietante no sea únicamente lo que la población observa, sino aquello que permanece oculto. Existen factores invisibles que parecen condicionar muchas decisiones públicas y que alimentan la percepción de que el poder no siempre actúa con la libertad o la firmeza que exige el interés nacional. Esa sensación de inacción, más que los propios problemas, es la que genera incertidumbre y desaliento.

Uno de los ejemplos más evidentes es el transporte terrestre. Durante décadas, el país ha sido incapaz de organizar un sistema eficiente, seguro y moderno.

El desorden vial ya no puede atribuirse únicamente al crecimiento del parque vehicular; también responde a la ausencia de autoridad, al clientelismo y a la resistencia de intereses particulares que frecuentemente terminan imponiéndose sobre el bienestar colectivo.

Mientras tanto, el Estado continúa destinando cuantiosos recursos a programas sociales como Supérate y la Tarjeta Joven, iniciativas que buscan aliviar necesidades inmediatas, pero que no sustituyen la transformación estructural que requiere el país.

La educación sigue mostrando importantes deficiencias, a pesar de la inversión realizada durante años. Formar ciudadanos responsables, respetuosos de las normas y comprometidos con la convivencia debería ser uno de los principales objetivos del sistema educativo.

Resulta difícil comprender, por ejemplo, por qué aún persisten prácticas tan peligrosas como la circulación de vehículos pesados por el carril izquierdo de las autopistas, el exceso de velocidad de camiones y autobuses o el incumplimiento sistemático de normas básicas de tránsito. La legislación existe; lo que ha faltado es voluntad para hacerla cumplir de manera consistente.

Los sindicatos del transporte constituyen un caso que merece una reflexión equilibrada. Nadie puede desconocer que representan a miles de trabajadores y cumplen funciones importantes en la defensa de sus afiliados.

Sin embargo, esa representación pierde legitimidad cuando algunos sectores utilizan su influencia para bloquear reformas, desafiar la autoridad del Estado o mantener privilegios incompatibles con el interés general.

Una democracia sólida exige organizaciones fuertes, pero también instituciones capaces de hacer prevalecer la ley sobre cualquier grupo de presión. Ningún sector, por importante que sea, debería colocarse por encima del orden jurídico ni condicionar las decisiones que afectan a toda la sociedad.

República Dominicana ha demostrado en distintos momentos que posee la capacidad de avanzar cuando existe liderazgo, planificación y voluntad política. Sin embargo, ese progreso seguirá siendo parcial mientras se continúe privilegiando el cálculo político sobre las soluciones de fondo.

Al final, lo verdaderamente preocupante no siempre aparece en los discursos oficiales ni en las estadísticas. Lo que más inquieta es aquello que permanece fuera de la vista: las decisiones que nunca se toman, las reformas que siempre se posponen y los intereses que terminan imponiéndose sobre el bien común.

Porque, en efecto, lo que no se ve también gobierna. Y, muchas veces, es precisamente eso lo que determina el rumbo de un país.

Si lo deseas, también puedo darle un estilo más contundente, similar al de un editorial de Listín Diario o Hoy, con mayor fuerza retórica y un cierre más impactante.

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