Eco Editorial

Senasa: la gran estafa maestra contra lo más pobres y su impacto en el sistema de salud

El escándalo de corrupción que envuelve al Seguro Nacional de Salud no es solo otro expediente para las estadísticas. Es, quizás, el golpe más doloroso que ha recibido la institucionalidad dominicana en las últimas décadas, porque no se robó dinero a nadie: se robó el dinero destinado a garantizar la salud de quienes menos tienen.

El régimen subsidiado, que protege a desempleados, discapacitados e indigentes, depende casi por completo de los fondos públicos.

Jugar con esos recursos es condenar a miles de dominicanos vulnerables a una vida sin medicamentos, sin estudios médicos, sin atención, sin esperanza. Por eso, este caso no solo indigna: duele profundamente.

La corrupción siempre es grave, pero cuando se comete desde una institución cuyo propósito es cuidar a los más frágiles, adquiere un carácter moralmente insoportable. De ahí que muchos comunicadores hayan descrito este caso como “cruel”, “desalmado” e “imperdonable”.

No exagera. Tocar el derecho fundamental a la salud es traspasar una línea que un país decente no puede permitir que vuelva a cruzarse.

El Ministerio Público afirma que seguirá sumando imputados y buscará recuperar cada peso sustraído. Esa es una obligación ética y legal.

Pero el verdadero desafío será reconstruir la confianza de los millones de dominicanos que hoy se sienten traicionados por quienes debían protegerlos.

Que este caso sirva, al menos, para recordar que la corrupción no es un delito abstracto: tiene rostro, nombre y consecuencias humanas devastadoras.

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