EE. UU. formaliza su salida de la OMS y expertos advierten graves riesgos sanitarios globales
Estados Unidos completó formalmente su desvinculación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un año después de que el presidente Donald Trump anunciara el fin de una relación histórica de casi ocho décadas con el organismo internacional.
La salida, lejos de ser ordenada, deja pendientes financieros superiores a los 130 millones de dólares y genera preocupación entre expertos por la pérdida de acceso a redes globales de vigilancia epidemiológica, fundamentales para detectar brotes emergentes con antelación.
Especialistas en salud pública advierten que la decisión debilita la capacidad de respuesta ante amenazas sanitarias globales y limita el rol de científicos y farmacéuticas estadounidenses en el desarrollo de vacunas y tratamientos frente a nuevas enfermedades.
La OMS, agencia sanitaria de las Naciones Unidas integrada por casi todos los países del mundo, coordina la lucha contra epidemias como el ébola, la polio y la viruela símica, además de establecer lineamientos internacionales y apoyar a naciones con sistemas de salud frágiles.
Durante décadas, Estados Unidos fue uno de los principales pilares financieros y técnicos del organismo, aportando cientos de millones de dólares anuales y personal especializado de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
La administración Trump justificó el retiro alegando fallos en la gestión de la pandemia de COVID-19, falta de reformas estructurales y supuesta influencia política indebida dentro de la OMS, críticas que han sido ampliamente debatidas en la comunidad científica.
Expertos coinciden en que la ausencia estadounidense podría afectar programas clave de erradicación de enfermedades, salud materno-infantil y cooperación internacional, además de reducir el flujo de información estratégica sobre virus emergentes.



